FÁBULA INANIMADA. 01
Miraba por la ventana el tráfico de la calle. Sus ojos verdes no se concentraban en ningún vehículo en concreto. El pasatiempo como siempre residía en no mirar a ninguno y recordase absolutamente de todos. Daba igual que ese día tuviera un trapo en la mano para desempañar los cristales constantemente. Las rutinas más anodinas son las que ofrecen una recompensa más duradera y segura. Era una idea que la acompañaba siempre. No recordaba de donde venía, donde lo leyó por primera vez. Seguramente en algún sitio donde se ponen frases impactantes sacadas fuera de contexto.
Mirar desde el segundo piso de aquel vetusto edificio el transcurrir el paso de la mañana era el antiguo divertimento sostenido en el paso del tiempo. Primero de puntillas, apenas llegaba y miraba a su padre, quien la levantaba para que viera la calle, hasta que este se cansaba por su peso, y ella lloraba desconsoladamente pidiendo que el rato se alargara indefinidamente. Más tarde arrastraba una silla, con la consiguiente reprimenda de su madre. Aún así, su insistencia y terquedad la llevaba cada mañana a la misma representación, coger la silla y arrastrarla. Automáticamente su madre salía de la cocina cuando ella ya estaba de pie en la silla. La bajaba y le decía que no podía hacer ese ruido, que los vecinos del piso de debajo no tenían porqué soportar los caprichos de ella, y menos aún subirse a una silla con el peligro de caerse. Llegada la mayoría de edad, con el primer café de la mañana, al cual con el paso del tiempo le agregó un cigarrillo. Aquí también su madre era la opositora mayor. Ex-fumadora, no concebía como su hija había caído en las redes del tabáco. Entre la silla y el cigarro transcurrió demasiado tiempo fuera de la ventana.Pasó de nuevo el trapo. La diferencia de temperatura entre el piso y la calle era desmedida. Diciembre, frío y lluvioso. Más ganas de quedarse en casa y no hacer absolutamente nada. Sonaba a frase de mamá, pensó esbozando una sonrisa. Pijama blanco con un estampado de una serie de dibujos cuando que veía por televisión cuando era niña.
Tercer cigarrillo del día. El frío y la lluvia no paraban. Miró el paquete de tabaco y desestimó la idea de salir a la calle. Los paraguas se movían uniformemente por la calle. Cada vez se veían menos de color negro. Cromatismo irregular. Daltonismo en las mentes. Cuando era niña, los días de lluvia siempre vestía botas y chubasquero a juego con el paraguas. Ella reprochaba una y otra vez a sus padres que quería un paraguas de color negro. Su madre le contestaba siempre lo mismo, las niñas no llevan paraguas de color negro, eso es de mayores. Hasta que el día en que ella contestó, mamá es un día gris como todos los lluviosos, y esta ciudad es gris, llueva o no. Los paraguas de colores con todo este paisaje son un canto a un burdo optimismo. Ese día ya no estaba papá.
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