FÁBULA INANIMADA 02
Lluvia. Más lluvia. Café con leche y abundante azucar. Cigarrillo rubio americano. Pijama de serie de dibujos animados vistos hace un millón de años. Fotos. Diapositivas. Imágenes diseccionadas una y otra vez. El paso de los vehículos, de las personas, rara vez de animales, la transportaba a su particular collage mental en que repasaba una y otra vez las vivencias cotidianas. El ruido proviniente de la cocina en que su madre preparaba el desayuno. Los canturreos de su padre desde la ducha. Su hermana corría desde la puerta del cuarto de baño, donde golpeaba la puerta solicitando a su padre que saliera lo antes posible, y que dejara de cantar, que era muy malo; llegaba hasta la cocina y apremiaba a su madre para tener el desayuno lo antes posible en la mesa. Corría hasta la habitación y despertaba a su hermana. Entonces medio veía como esta se marchaba corriendo y gritando. Ella, como si fuiera un tren que pasa cada día por la misma vía desgastando los raíles y frenando en las curvas, saltaba de la cama, giraba por la puerta, recorría el largo pasillo hasta llegar al salón, y dirigía sus pasos hacia la ventana. Hasta que su madre no salía de la cocina y la cogía con un fuerte abrazo, realmente no se situaba en el mundo de los mortales. Le daba dos besos y le decía que tenía que bañarse. Era algo que no le gustaba en absoluto. Compartir espacios con su hermana era algo que a medida en que los años se sucedían le resultaba más trágico y agunstioso. Adquirir con los años el suficiente conocimiento y recordar como era una persona de niña, jovial, alegre y con ganas de comerse el mundo y pasar los años apagando poco a poco esa llama, parecía que lo supiera desde el día en que nació.
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